martes, 26 de febrero de 2013

Marzo 2013 - Noticias de la AALIJ N°2





En este segundo número de Noticias de la AALIJ presentamos dos artículos que analizan textos clásicos de la literatura para niños y jóvenes en Argentina: Stefano, de María Teresa Andruetto, por Alicia Origgi y La naranja maravillosa, de Silvina Ocampo, por Valeria Badano. 
En la sección Reseñas presentamos una lectura de Ito, un texto entrañable de Luis Cabrera Delgado y un breve recorrido por dos libros no tan difundidos de Horacio Quiroga, De la vida de nuestro animales y Cartas de la selva.
Revisitamos también un libro de 1965,  Los Cuarenta Bramadores, de Vito Dumas, que describe la hazaña imposible de dar la vuelta al mundo en un velero atravesando el Cabo de Hornos.
También agenda de congresos, encuentro y concursos.
Hasta el próximo número.

Para facilitar su lectura, listamos aquí los titulares con link a las notas:

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ARTÍCULOS
Por Alicia Origgi


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RESEÑAS
Por Zulma Prina

Por Rosita Escalada
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RELECTURAS
Por Hebe Zemborain
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Congreso CILELIJ, Bogotá - XVI Encuentro de Poetas, Narradores y Ensayistas “ESCRITORES DE NUESTRO TIEMPO”, Chilecito – Jornada del Dr Bernard Golse -  IV Simposio Internacional de Humanidades “LA POESÍA, RÍO DE TRES ORILLAS”, Facultad de Estudios de Postgrado, Universidad del Norte, Asunción, Paraguay - Primer encuentro del Centro de Estudios Poéticos Alétheia: “EL TEMA DE LA REDENCIÓN NACIONAL EN LA OBRA DE LEOPOLDO MARECHAL”, por Graciela Maturo –  Segundo encuentro del Centro de Estudios Poéticos Alétheia: "Paul Celan en Tenebrae y Lyon, Les archers: logos, lenguaje y una mirada sobre los límites de la traducción", por Alejandro Drewes - XIII° Jornadas Borges y los otros - VII Congreso Internacional Cátedra UNESCO - IX Encuentro Nacional de Narrativa – Cuento Corto – Bialet Massé 2013 - Cursos de literatura 2013, por Carlos Gamerro - EL MANGRULLITO PATAGÓNICO. Revista Virtual dedicada a niños y a jóvenes - Año 3 Número 29 - Febrero de 2013 
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Editora: Brenda Sánchez
Colaboración: Beatriz Valerio
Consejo editorial: María Cristina Pizarro, Zulma Prina, Valeria Badano, Alicia Origgi, Susana Szwarc, Paulina Uviña
Coordinadora de Prensa AALIJ: María Fernanda Macimiani



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Subcomisión de Prensa y Consejo Editorial

Relectura de una hazaña increíble, Vito Dumas y la vuelta al mundo

Por Hebe Zemborain (*)

Reseña de: 
Dumas, Vito (1965) Los Cuarenta Bramadores, Buenos AiresKraft 


Releer es mantener vigente el hábito de la lectura y disfrutar de las obras que nos maravillaron, nos deleitaron o contribuyeron a mutar, afianzar o rechazar conceptos es una positiva experiencia.

Esta reflexión viene a cuento pues hace unos días recibí por correo electrónico un                                     
excelente documental sobre el Cabo de Hornos.

Entonces recordé la lectura de hace varios años de un libro que narraba las peripecias sufridas por un navegante solitario decidido a dar la vuelta al mundo en su pequeño barco y para lo cual debería cruzar el temible y temido Cabo de Hornos en el lejano límite sur de nuestro país.

El libro se llama Los Cuarenta Bramadores (Editorial Kraft 1965) y su autor es Vito Dumas, un argentino que asombró al mundo con su viaje inaudito por la ruta imposible.

Nació en el barrio de Palermo un 26 de setiembre de 1900 pero pasó sus primeros años en un campo de Trenque Lauquen en la provincia de Buenos Aires.Tuvo una infancia feliz en un hogar tranquilo y familiero pero serias dificultades financieras sufridas por su padre hicieron que decidiera abandonar los estudios y trabajar para paliar en algo la situación, sólo tenía catorce años pero ya se vislumbraba en él una personalidad arrolladora que no se detendría ante ningún escollo. Mientras se asentaba en su trabajo concurría por la noche a la Academia de Bellas Artes donde cursaba Dibujo y Escultura.

Como toda la muchachada de la época fue un entusiasta nadador, fanático del incipiente boxeo, igual que su contemporáneo el poeta José Sebastián Tallon, y de la no menos novísima aviación nacional. La llama de la navegación aún no se había encendido en él.

Inquieto como era, Dumas investigó en Francia sobre su apellido pero no logró hallar el hilo que lo condujera a conocer algo sobre sus antepasados, “alguien de mi familia que hubiera sido marino, pirata, mercader o traficante de esclavos” según confesaba, pero bien pudo haber tenido en su árbol genealógico a Alejandro, el de Los tres Mosqueteros o a Juan Bautista el químico que escribió un curioso Tratado de Química aplicado a las Artes pero lo cierto es que nadie realizó la hazaña que le dio renombre universal a ese joven  desconocido y oriundo de un país que simula caerse del mapa..

A los veintitrés años Vito intentó por cinco veces cruzar a nado el Río de la Plata pero el    
casi indomable color de león le arrebató el triunfo. Es posible que allí se gestara su deseo de vencer a las grandes aguas y ocho años después realizó la travesía entre Francia y el puerto de Buenos Aires (1931).

Así lo cuenta:
Aparece muy lejana mi partida de Francia, en aquel atardecer el sol bañaba de oro sus dunas y emprendía en mi Lehg I el viaje a América rumbo a la Cruz del Sur. El barco descansa hoy en el Museo de Luján. El éxito, las llegadas apoteósicas en Vigo, Canarias, Río Grande do Sul, Montevideo y luego Buenos Aires ya pertenecen a un pasado neblinoso ¡cuántas cosas han cambiado! Un soplo de espanto arrasa al mundo y parece que todo ha de perderse; es tan fácil quedarse y resulta tan cómodo…

En efecto, puerto al que llega una muchedumbre recibe eufórica a ese joven de treinta y un años que ya vislumbraba un gran sueño por cumplir, sólo que pasarían diez  antes de que, trocado en obsesión, comenzara a pensarlo como realidad.

En cierta oportunidad alguien le dice: debe ser hermoso encontrarse solo en medio del mar a lo que Vito responde: el ser humano ha nacido en sociedad y debe volver a ella.
Por eso cuenta:
Mis vagabundeos por los mares, esa especie de gitanería náutica cayó sobre los surcos que la tierra fue cubriendo. Vendí el Lehg II que había hecho construir en 1934 pensando en una probable vuelta al mundo y con su producto adquirí un tractor.
Me propuse no ver jamás al Lehg II.  El mar quedaba tan lejos… allí, arado en mano el sueño pareció adormecerse definitivamente.
Mi vida se orientaba hacia la tierra… no obstante, parado algunas veces sobre una loma sentía el viento venido del río, percibía su aroma, era limpio, diferente.
Imagen extraída de www.adan.org.ar
(Asociación Deportiva Argentina de Naútica )

Algo comenzaba a inquietarlo, su zozobra aumentaba con esa vida monótona, trabajosa, que no le brindaba las emociones que su espíritu añoraba.

Y lo declara con sencillez y brevedad:

En los días de lluvia encerrado en casa con los mapas extendidos sobre la mesa, atravesaba los mares, estudiaba la ruta imposible. Cuál es la fuerza que me impulsa a partir hacia un destino que me obliga a romper esta normalidad…

La duda ha comenzado a socavar su pretendida decisión.

Pero un atardecer pensé en mi compañero, tenía que verlo, recobrarlo.

Ya no podrá escapar a su destino.

La mañana en que abandoné el campo, luego de la despedida de los peones no tuve coraje para enfrentarme con mi caballo, ni mirar el arado ni el árbol que creciera gracias a mis cuidados. Enfilé hacia la tranquera con el automóvil  La decisión fue terminante…ya nada me detendría, debía decirle adiós a lo simple.

Nada simple por cierto quebrar el ritmo de una vida sedentaria, sin altibajos para seguir el impulso de marchar siempre rumbo al amanecer indescifrable, sin desmayo junto a sus fidelísimos compañeros la vieja brújula, el cronómetro, las cartas de navegación.

Se presenta el primer escollo: “Necesitaba hallar un compañero, sin él la empresa sería imposible  y ese era el Lehg II pero… ¿dónde hallarlo, dónde estaba?”

El milagro se produce, aún lo poseía quien lo había comprado, el Dr. Rafael Gamba, a quien va a ver acompañado por su gran amigo Arnoldo Buzzi.

Mas el Legh II no estaba para navegar y reacondicionarlo era una empresa costosa, Dumas sabe que sus arcas están paupérrimas pero también sabe que ése es el barco que necesita y no puede esperar. Conversa, discute, se barajan números y posibilidades, su angustia aumenta, ya no puede echarse atrás.

Una vez más la suerte lo acompaña, el Yacth Club Argentino resolvió colocar al Lehg II en condiciones de hacerse a la mar, el Club de Gimnasia y Esgrima pagó el velamen pero  había que equiparlo: cien litros de kerosene para la cocina y las luces, dos tanque para cuatrocientos litros agua potable, alimentos para cubrir la permanencia de un año sin encontrar ayuda, medicamentos, ropas adecuadas, abrigo suficiente pues deberá cruzar zonas polares…por suerte tiene amigos de ley que se desviven por ayudar en la empresa.

Una anécdota: le preguntan ¿Qué traje de agua lleva? La respuesta provoca la risa del interlocutor: Un perramus…

Almas generosas lo proveen del equipo necesario.

El 27 de junio de 1942 amanece una mañana fría pero soleada, los diarios anuncian con grandes caracteres “Hoy inicia Vito Dumas su duelo con el mar”… “Vito Dumas brinda la revancha al mar”…

Los cuarenta bramadores lo esperan con todo su potencial, el Lehg II parte elegante y tranquilo listo para afrontar el misterio insondable de los mares.
Imagen extraída de www.navegantevitodumas.com.ar

Leer el relato de sus hazañas es fascinante, una breve muestra de diferentes momentos:

La noche es negra. No se distinguen señales de vida por ningún lado. Llevo casi cuarenta horas de trabajo continuado, no he probado alimento alguno. 
Tiemblo de frío y de cansancio.
Tengo las manos vendadas y cada tarea me produce dolores intensos…

…Mi mano tiene un aspecto impresionante, deformada por la infección.
La olas son monstruosas y atacan por todos lados, el barco gime y el viento ha pasado los cien kilómetros, los Cuarenta Bramadores ya se hacen presentes.

Por unos eternos segundos los mástiles quedaron apuntando al fondo del mar y la quilla al suelo…atontado por el golpe tuve la sensación de que todo acababa… la camareta cerrada hermética, me hallaba en una cárcel sin salida, en un ataúd, me entregué al destino.

…con el magnífico abrigo, más cinco o seis sweaters debajo, dos trajes de agua encima y un montón de diarios pegados al cuerpo logro detener en algo la temperatura polar.

En el instante de asomarme por la camareta quedo paralizado el Lehg II está tratando de abrirse camino entre ¡dos ballenas!

Estas sus palabras nos dan una idea de la magnitud de la empresa pero capítulo tras capítulo se vive lo dramático de la travesía que desafía sin tregua a ese espíritu estrenuo.
Después de penurias sin fin o de breves lapsos de calma infinita, el Lehg II completa su viaje alrededor del mundo luego de haber superado con heroísmo la furia de los tres cabos temibles: Buena Esperanza, Tasmania y Cabo de Hornos.

La hazaña se ha logrado y el 8 de agosto de 1943 el Lehg II con su capitán llegan al puerto de Buenos Aires un año y treinta y seis días después de su partida. Lo aclama una multitud fervorosa.

Vito Dumas, el domador de mares, murió el 28 de marzo de 1965 víctima de un derrame cerebral. Había realizado su último viaje en el Sirio II en 1964 barco que se conserva en el Club Náutico de Mar del Plata, ciudad que ha demostrado su admiración, respeto y afecto como ninguna, creó el Museo Vito Dumas en la playa Varese, entre otras cosas.

En Mar del Tuyú, partido de la costa, existe una Biblioteca que lleva su nombre y en muchas ciudades del país hay calles o accidentes geográficos costeros que lo recuerdan. Al cumplirse cien años de su nacimiento sus restos fueron trasladados desde el cementerio de Olivos al Panteón Naval en Chacarita.

Soñador… aventurero… inconsciente…vaya a saberse cuáles fueron las motivaciones que lo impulsaron a un posible viaje sin retorno, a dar la vuelta al mundo por la ruta imposible, quizás sus palabras permitan apenas vislumbrarlas: “Voy, en esta época materialista, a realizar una empresa romántica para ejemplo de la juventud.”
                                                                      
                                                 


(*) Hebe Zemborain. Escritora de LIJ, autora de siete libros, el primero
de los cuales, La Barra de Hernán (Editorial Métodos 1988) obtuvo
la Faja de Honor de la SADE. Fue Vice y Presidente de la AAL
Asociación Argentina de Lectura. Ha concurrido a Congresos de la
especialidad en el país, Europa y USA.Considera  que la Lectura es
el medio idóneo ideal para la formación intelectual de chicos y jóvenes.
   .




La construcción de la experiencia posible. A propósito de "La naranja maravillosa" de Silvina Ocampo


Por Valeria Badano (*)


…La imaginación es una tenue percepción […] Una percibe el mundo tal como realmente es, un poco borroso pero lo ve y entonces la gente cree que una inventa y dice :-¡Qué imaginación tenés, mirá las cosas que se te ocurren!... (Gorodischer 21)

La naranja maravillosa de Silvina Ocampo[i] es una antología publicada por Ediciones Orión (1977 y 1981) que reúne una serie de cuentos para niños y con niños -como afirma en el prólogo Enrique Pezzoni-, que permiten vislumbrar el modo en que Ocampo poetiza el mundo según la estética infantil.[ii]

Ocampo ubica a cada uno de sus relatos en un mundo real pero que es interpretado de un modo particular, según su propia visión que no teme resultar inverosímil para el ojo del adulto.
En la estética que propone Ocampo, el sujeto le da forma a las cosas, es ese sujeto cognoscente el que construye, el que ordena la realidad y en este proceso esa realidad construida responde a la forma que el sujeto necesita que las cosas tengan. Tal construcción de la realidad conforme a las necesidades del sujeto hace pensar en una vinculación de la estética de Ocampo con el formalismo kantiano. El mundo conocido es el mundo construido, éste es el mundo de la experiencia posible. De esta manera se refuerza una diferencia entre lo real como aquello que no conocemos por no estar simbolizado y la realidad que es ese mundo aprehendido –comprendido- a través de la simbolización.

Ver lo cotidiano

En una entrevista realizada al pintor Magritte, éste expuso una serie de ideas que se emparentan con la manera particular en la que Silvina Ocampo ve el mundo:

…Nunca muestro objetos raros o extravagantes en mis cuadros… son siempre cosas familiares, nada extravagantes. Pero esas cosas familiares están agrupadas y transformadas de manera tal que al verlas pensemos que hay otra cosa que no pertenece al ámbito de lo familiar y que aparece al mismo tiempo que las cosas familiares… (Virilio 40)

De esta manera, el mundo empieza a ser visto de otro modo y los niños son lo que habilitan esa perspectiva que consiste en “…mirar lo que uno no miraría, escuchar lo que no oiría, estar atento a lo banal, a lo ordinario…” (40) Es así como la mirada de los niños se presume como ilusión del mundo.

Los relatos de Ocampo resultan ser un recorrido de esa construcción de la realidad por eso se corresponden a una lógica onírica en cuya narratividad hay un planteo del problema y hay acciones que se desenvuelven en episodios. Sin embargo, la mayoría de ellos no tienen una conclusión racional; el final de la historia llega así, imprevistamente sin mayores explicaciones, y cuando las hay, no responden a lo esperable: no hay enseñanza, sólo el disfrute por formar parte de una serie de acontecimientos que son relatados como pudieron suceder. En tal procedimiento se pone en marcha un mecanismo erótico por el cual se pueden reconocer los intersticios que comunican lo real no simbolizado y las simbolizaciones posibles que son asumidas como fenómenos naturales.


Por ello, lo que podemos encontrar en esos cuentos es la expresión de la naturalidad con la que el niño crea al mundo sin restricciones devenidas de la lógica.
Algunos de los relatos responden a la tradicional dualidad inscripta en la estructura narrativa: niña linda / niña fea; niña pobre / niña rica; niña buena / niña mala –que actualiza la forma de oposición de las dos hermanas presente en la cuentística tradicional.

La utilización de esta forma canónica, no obstante, visibiliza la fisura que los relatos proponen porque, aunque hay una presentación que podría hacer presumir la repetición de las antiguas formas del relato tradicional, éstas son resueltas de un nuevo modo por Ocampo. En primer lugar porque en ellos no hay una búsqueda de moraleja ni un sesgo de literatura didáctica sino, simplemente, la exposición y la percepción de ese otro-mundo  que habitan los niños, que está regido por otro tiempo y fundado en otro espacio. Como explica Pezzoni “…la realidad es en el instante en que [los niños] la miran: contemplar es un acto de creación y de conocimiento, una operación mágica sin ambición de dominio…” (9)

En el cuento “La naranja maravillosa” hay algunos elementos textuales que refieren al relato tradicional que, paulatinamente son invertidos o reformulados. La presentación de una pareja de amigas –Claudia y Virginia- podría señalar la oposición propia de las dos hermanas presente en los cuentos tradicionales. Sin embargo, en este cuento las dos niñas presentan carencias, no hay una jerarquización de ellas respecto a los bienes que poseen. Una es desconfiada y la otra, fea; asimismo, la fealdad de Claudia es acompañada por su pobreza y la desconfianza de Virginia por su ignorancia. Comienza diciendo el cuento:

Claudia y Virginia estaban tristes: una porque era fea, la otra porque era desconfiada […] -¿Qué haremos? –decía Claudia-. Soy tan fea, soy tan pobre. Mi vestido está lleno de agujeros y mis zapatos no tienen suelas. –Es más lindo andar des descalza. Y yo que no puedo aprender nada –se lamentaba Virginia-. Que digo todo al verse… (Ocampo 27)

En ninguna de las dos niñas está expuesto el ideal positivo respecto de la otra, ambas están tristes. Esto las lleva a visitar un lugar donde les prometen resultados maravillosos para sus desventuras. Aquí el relato se quiebra en su realidad, la de la carencia de esas chicas, porque el lugar está ubicado en la calle Carasucia 11.924.752, Villa Deliciosa y allí sólo es posible que habite un mago Chucuchucu y que éste tenga en su poder naranjas mágicas. Las niñas responden al llamado de la magia y continúan con el procedimiento tal cual se prevé en los cuentos tradicionales: Se encuentran con las naranjas, eligen las más bellas y, por supuesto, obtienen el cambio: Claudia se vuelve bella y fina y Virginia resplandece por la belleza de la inteligencia. Cada una expone la visión de mundo desde esa nueva óptica: las ventajas de ser tan bella y las ventajas de ser tan inteligente. Y aquí hay una intromisión del propio mundo de Silvina, la inteligencia es expresada como cultura letrada porque Virginia habla de escritores y de sus obras,
­-¿Sabés quién ha escrito La divina Comedia y en qué año? La escribió Dante, no lo confundas con diente. Recuerdo algunos versos, que diré después, si te interesan […] ¿Sabés quién escribió Fervor de Buenos Aires? Sin embargo es un autor argentino y tendrías que saberlo… (31-32)

Así, el cuento funciona, también, como un mecanismo intertextual.

El primer encuentro con las naranjas tiene un efecto perecedero, por eso cuando las niñas vuelven a sus casas, cada una es como era. Por eso deciden retornar a la casa del mago pero allí queda sólo una naranja chica y estropeada. Al tomarla, comprueban que  ella es la realmente maravillosa porque en ella está la posibilidad de ser diferentes a lo que han sido, para siempre. Y cuando el cuento parece cerrarse en una historia con final feliz y una enseñanza que señala una interdicción al modelo de género (no siempre lo bello es bueno), las dos niñas se quejan, insatisfechas, por el bien obtenido haciendo que el texto vuelva a presentar una resquebrajadura en lo estructural consolidado y se abra a nuevas funciones textuales donde el intersticio expone la realización de una nueva realidad.

Sin embargo, a veces, las dos niñas, como eran caprichosas, lloriqueando decían: -¡Quiero volver a ser pobre, a ser fea –decía Claudia-. La gente me quería más, me llamaban: “Vení pichicho para acá. ¿De dónde sacaste esos ojos?”. Y yo andaba descalza y trepaba a los árboles y comía fruta verde… (34)

El mundo posible

En los cuentos “Los dos ángeles”, “Icera”, “Ulises”, “Viviana la curiosa” y “El moro”, por ejemplo, la realidad presentada puede considerarse ‘atormentada’. La muerte, el sufrimiento, el castigo, la crueldad y el masoquismo podrían leerse como los tópicos de ellos. Ocampo al utilizarlos los naturaliza  y así muestra otro aspecto del mundo de los niños. Dice  Marta López-Luaces que “…los niños que protagonizan estos cuentos imponen su propia visión de la realidad, una visión que borra o trastrueca muchas de las categorías y estructuras sociales…” (64)

La pugna entre Eros y Tánatos se hace efectiva en esos relatos de manera que se expone la visión alternativa de la realidad: Tánatos. En “Viviana la curiosa”, este enfrentamiento pulsional es legible. La necesidad de conocer a la mascota amada, lleva a la niña a romperla, a matarla. Explica López-Luaces en Ese extraño territorio… que al

…volverse violentos, los niños producen lo extraño, ya que la posición que habitualmente les corresponde o se les adjudica es la de la pasividad, la de la debilidad, la falta de poder… (76).

La oposición Eros-Tánatos, que debería resolverse positivamente triunfando Eros, es invertida y expone una resolución tanática. Así Ocampo logra promover estéticamente lo extraño; poéticamente un discurso cargado de esa fuerza interpeladora de la palabra dada y moralmente, poner en interdicto la tradicional ecuación que plantea que los universos femenino e infantil están compuestos por seres  ‘impotentes’ según el modelo social imperante.

En “Icera”, como  en “La naranja maravillosa”, el deseo por ser otra y el deseo por no dejar de ser quien es, establecen la oscilación tensiva de la trama. Así, esos niños se enfrentan con el deseo de cambiar y con el castigo que esto conlleva; pero que en ese mundo sostenido por sus propias construcciones, deseo y castigo, son reabsorbidos por la maravilla y entonces, el castigo o la muerte no son legibles desde la negatividad sino como formas en que se puede expresar la multiplicidad estética. Estos niños responden con la multiplicidad propia de la subjetividad infantil y entonces son capaces de interpretar y dar sentido a la realidad que para los adultos puede estar fuera de control (López- Luaces 76). Se subvierte el poder de la razón y el del mundo adulto, se rompen los presupuestos de la lógica porque

…las leyes de causa y efecto, por un lado se muestran y se cumplen, mientras por otro llegan a extremos tan inesperados que destruyen las mismas bases en que se sustentan… (López-Luaces 75-76)


Nora Domínguez cita a Molloy, dice:

…en Ocampo “hay muchos niños. Ellos tienen una destacada funcionalidad narrativa, estimulan los procesos de significación cuando además son narradores o cuando cuentos adoptan sus perspectivas, retienen una productividad asombrosa… (Domínguez 243)

De esta manera, los niños generan ese mundo donde la experiencia es posible gracias a la multiplicidad de la subjetividad infantil que manifiestan y donde hasta el propio cuerpo es cuestionado en términos de los límites y determinaciones biológicas.

La presencia del cuerpo en el cuento “Icera” pone en cuestión la manipulación de éste desde una estética victoriana y que recuerda a otros relatos como Peter Pan y Alicia en el país de las maravillas en los que los niños –u otros en lugar de ellos- pueden achicarse o agrandarse o permanecer para siempre como niños. Recuerda López-Luaces que en este cuento se cuestiona el cuerpo y los límites de lo biológico y determinado.

Asimismo revela una relación materno/filial plagada de vicios y donde la madre no ha dejado de ser niña motivo por el cual la hija puede actuar en esa relación disfuncional como una muñeca. Dice el cuento en su comienzo “…No lo quiso para las muñecas (no tenía ninguna) sino para ella misma…” (“La naranja maravillosa” 45) Tal afirmación está precedida por la organización narrativa del relato que empieza con un elemento deíctico que señala la instancia perceptiva del sujeto: “cuando vio” y que es acompañada por el tiempo, el espacio, el sujeto y el conflicto (presente de la historia, juguetería, Icera, juego de muebles para muñecas). La acción de ‘ver’; es decir percibir desde esa situación subjetiva que unifica el afuera con el mundo íntimo, establece el tópico: Icera percibe ‘eso’ que desea. En el cuento, ‘eso’ que desea tiene una forma que es el juego de muebles pero en realidad, ‘eso deseado’ es un cuerpo ‘otro’ diferente del suyo; ello es ‘el cuerpo de la muñeca’. La acción de ver, la percepción, corresponde a un universo ‘achicado’ donde toda la realidad obedece a ese efecto miniaturizador: exigua cama, diminutos cajoncitos, sillita, jaboncito. Tal efecto es inscripto por enunciados verbales que colaboran para construir esa referencia. Explica Giorgio Agamben que:

El juguete es aquello que perteneció –una vez y ya no más- a la esfera de lo sagrado […] Lo que el juguete conserva […] no es más que la temporalidad humana que estaba contenida en ellos, su pura esencia histórica. El juguete es una materialización de la historicidad contenida en los objetos… (102-103)

Las muñecas funcionan como reflejo de aquello que Icera no es; ellas se instalan como el objeto de su deseo a la vez que se revelan como sus rivales. Su yo resulta expresado –expuesto- en las muñecas; esas otras Icera son sus hermanas mejores (porque tienen ‘eso’ que Icera desea: ese cuerpo) y por eso la niña las odia. Afirma el cuento: “…Icera consideraba las muñecas como rivales; no las aceptaba ni de regalo; sólo quería ocupar el lugar que ellas ocupaban…” (45-46).

Icera permanece inserta en un universo recortado conforme su deseo, anula la posibilidad de cualquier otra que pueda oponer el paso del tiempo –y el consecuente crecimiento- a su deseo de permanecer siempre en el cuerpo representante de la infancia. Para ello cuenta con una cómplice, su madre, que en esta historia funciona como otra niña, la dueña de la muñeca que es Icera. La relación desproporcionada entre Icera y su madre establece una realidad signada por el egoísmo propio de la infancia, regida por el sólo deseo. El cuento asevera “… ¡Qué madre no deplora secretamente el crecimiento de su hija!…” (47). El deseo no expresado de la niña-madre de Icera y que, sin embargo, revela la crueldad que Ocampo intenta señalar en el mundo, tiene poder performativo en el discurso de la niña-muñeca. Icera dice y, así, fuerza la realidad a través de su enunciado: “…una frase que repetiría incesantemente dentro de sí misma ‘no debo crecer, no debo crecer’, detendría su ilusorio crecimiento…” (47). Pero además, el deseo de la niña-muñeca logra concretarse porque ‘lo realiza’: “…diariamente se calzaba los zapatitos, si se ponía el vestido, los guantes y el sombrero de muñeca, forzosamente siempre seguiría siendo del mismo tamaño…” (47)
Afirma Agamben que los niños representan la discontinuidad entre el mundo de los muertos –al que pertenecen los adultos- y el mundo de ‘las larvas’ (123)

El país de los juguetes y el país de las larvas diseñan la topología utópica del país de la historia […] los adultos aceptan volverse larvas para que las larvas puedan convertirse en muertos, y los muertos se vuelven niños para que los niños puedan convertirse en hombres… (125)

Así es que las palabras y las acciones ejecutadas sobre el propio cuerpo pretenden detener el crecimiento, manipular el cuerpo y desestructurar el orden de la realidad.
El crecimiento y el consecuente acceso al mundo de los adultos obligan a aceptar las prohibiciones, convenir con lo reglado, abandonar el deseo propio.
El cuento narra sin determinar el paso del tiempo –éste también detenido por el deseo de la niña-muñeca- y la acción se ubica veinticinco años después del comienzo aunque en la niña-muñeca no se perciba el paso del tiempo sino lo contrario, ella desea una caja donde poder permanecer para siempre.

La multiplicidad y uno

Los animales están presentes en los relatos de Ocampo estructurando un mundo regido por relaciones sociales que se pluralizan. Como en los cuentos tradicionales, estos animales establecen una estrecha relación con los niños protagonistas de las historias. “El amigo de Gabriel”, “Fuera de la jaulas”, “Timbó”, “Chingolo” son algunos de ellos. El humano, generalmente un niño, tiene una relación de complicidad con algún animal, doméstico o salvaje, eso poco importa. El hecho es que el animal: un tigre, un puma, un perro o todos los animales del zoológico pueden comunicarse verbalmente con los humanos sin que esto despierte ninguna sorpresa en las personas. La aceptación de este otro orden hace que éste resulte verosímil, que la multiplicidad (las realidades) se asuma como la construcción (la mirada) de lo uno (el sujeto cognoscente). Volvemos a citar a Pezzoni “…la presencia inmediata de lo maravilloso se ofrece a los niños […] los niños corroboran la existencia de un orden para ellos habitual…” (7) Y no sólo en el niño que entabla la comunicación –comunión- con los de otra especie sino que en toda la diégesis se anula la explicación de esa presencia fantástica. El niño y los que junto a él cohabitan el mundo saben y no se preguntan o dudan por la existencia de lo maravilloso. La literatura fantástica que postula la incertidumbre de los personajes y del narrador respecto del mundo que habitan, es en los cuentos de Ocampo sustituida por una poética que no se ata a lo inexplicable sino a la mera y natural aceptación de un mundo que es visto en su completud. Por eso no necesita ubicar a sus relatos en territorios irreales, los ‘lugares’ para que la acción narrativa se realice, porque son los personajes los que le dan forma a un espacio en tanto que se posicionan en esa acción de narrar, es decir, de ordenar los acontecimientos percibidos.

Por otra parte, este universo presentado por Ocampo apenas reconoce a los adultos en relación con los niños, y si los hay no son los que representan el primer vínculo con lo social (la familia). Casi no hay madres o padres, sí padrinos y madrinas que, de alguna forma, simplifican la relación paternidad/filialidad. Así, la mayoría de los niños están solos. Ante un mundo construido, se naturaliza la expresión del egocentrismo del niño donde lo que prevalece es él en tanto cuerpo y su deseo. Sin imposiciones externas, sociales, morales, el niño simplemente, es. Explica Paul Virilio que “…la falta es creadora de una percepción extrasensorial…” (46), así que ante la falta de un mundo ordenado y preestablecido por y de los otros –los adultos-, el niño de Ocampo, crea uno propio.

La palabra maravillosa

Al igual que Claudia y Virginia, los lectores de La naranja maravillosa están invitados a recorrer las callecitas poco probables pero existentes de un territorio extraño, que sólo el que está predispuesto con el deseo a flor de piel, puede cartografiar.

La palabra poética –maravillosa- de Ocampo se abre para abrir a la vez un mundo-otro, subrreal en el que los animales hablan pero no enseñan, los niños no le temen a la muerte ni a los castigos, los adultos son malvados hasta llegar al extremo del sadismo pero no traumatizan y la soledad no es sinónimo de abandono sino la representación más cabal de un universo capaz de ser uno y muchos al mismo tiempo.

Los cuentos presentan a los niños capaces de ubicarse en la realidad terrenal, en el Paraíso, en la piel de los animales o en lo inanimado de una caja de muñeca. Niños que no respetan los límites que los otros –los adultos- han fijado en el espacio, en el tiempo y en los propios cuerpos. Por eso, esos niños ‘desobedientes’ de la lógica de los adultos, experimentan y, al hacerlo, crean. Esos niños ‘naturalizan’ lo extraordinario y, al hacerlo, crean. Esos niños se pronuncian, voces de la infancia que dicen y crean un mundo del tamaño de la mirada.




[i] Nace en 1903 y muere en 1993. Hermana menor de Victoria Ocampo, esposa del escritor argentino Adolfo Bioy Casares.
[ii] Este capítulo es una parte de un trabajo más amplio acerca de la obra narrativa de Silvina Ocampo. Aquí considero sólo algunos de los cuentos considerados –e incluidos en antologías- para un público constituido por niños y niñas. Muchos otros cuentos de Ocampo tienen como protagonistas y/o narradores a niños.

Bibliografía 

Agamben, Giorgio. Infancia e Historia. Buenos Aires: Adriana Hidalgo Editora, 2007.
Badano, Valeria. Lo que ellos no saben. Buenos Aires: Ediciones GEA, 2007.
Badano, Valeria. Cuentos increíbles. Buenos Aires: Ediciones GEA, 2007.
Barthes, Roland. El placer del texto. México: Siglo XXI, 1984.
Corbatta, Jorgelina. Feminismo y escritura femenina en Latinoamérica. Buenos Aires: Corregidor, 2002.
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(*) Valeria Badano nació en Luján, provincia de Bs As, República Argentina. Es profesora universitaria en Letras; Licenciada en Letras con orientación en Lingüística Por la Univ. De Morón. y Especialista en Estudios acerca de la Mujer y del Género . Es escritora. Es miembro del Consejo Editorial de la revista Alba de AméricaTrabaja como docente e investigadora. Ha publicado, entre otros, Escribir para chicos. la infancia y las escritoras.

Quiroga y su literatura para niños

Por Rosita Escalada Salvo (*)

En honor a la verdad, su literatura es para todo público. Pero determinados relatos han sido escritos con un fin premeditado, específico: los destinatarios fueron sus dos pequeños hijos, Darío y Eglé.
Es decir que no lo hizo pensando en un lector desdibujado, hipotético y plural. Tampoco para que ningún padre leyera estos cuentos a la hora de dormir. Ni para que los docentes transmitieran determinados conocimientos sobre una temática regional.
Y, sin embargo, ese fue el destino posterior de sus escritos; y en buena hora.
 Pero no me voy a referir aquí a sus " Cuentos de la Selva" - que ningún niño debería dejar de disfrutar - y sobre los que hay muchos estudios críticos, análisis y comentarios.
 El libro elegido es casi desconocido y no se lo encuentra fácilmente en las librerías, lo cual es lamentable; se trata de una recopilación de notas aparecidas en la Revista " Caras y Caretas" y que luego fueron rescatadas y llegaron al público en una edición de Arca Editorial, Montevideo, con el título  De la vida de nuestros animales.


Son 34 textos sobre animales, árboles y plantas de los montes de Misiones que el mismo Quiroga explica: "impresiones de la naturaleza que en un perdido rincón del nordeste del país, recibimos yo y mis chicos durante diez años".
¿Qué intención tuvo el cuentista genial al registrar las costumbres, los hábitos, las características de la fauna regional? ¿Y por qué no omitió las actitudes y desaciertos del hombre con respecto a los animalitos que murieron al querer domesticarlos?
 Los relatos son verídicos, fuertes, no ahorran detalles y resultan aleccionadores.
 Pero, además, nos transmiten conocimientos que, de otra manera, no tendríamos acceso. Porque, ¿quién vio a un surucuá?

"... el pájaro ofrece, rinde entre las alas el ardiente azul, su garganta, pecho y vientre de púrpura. A lo largo del lomo corren como en escalofrío, verdes ondas metálicas, cuyos cambiantes bronceados no hallan semejanza sino en los muarís del querosene en el agua. Si se vuelve el ave de perfil, destácase en la cabeza un círculo violeta mate."

 Son protagonistas de estas estampas, en primer lugar, las víboras, pero también la araña pollito, el yaciyateré, el vampiro, la hormiga león con sus artes para atrapar a las víctimas; el cascarudo tanque y su tarea en la cadena alimenticia ya que se nutre de cadáveres de otros animales; la hormiga minera y los tatetos; la avispa colorada, el pique y la ura; el aguará  guazú, los cuervos, la boa, los perros de monte, el puma, el urutaú, entre otros.

Dejé para el final la mención de las ratas de campo:
"La rata de campo es un lindísimo animal, que apenas recuerda a la infecta, oscura y pelada rata de ciudad. Vista desde arriba, es de un color plomizo brillante, gracias a la suavidad y pulcritud de su pelo. Vista desde abajo, parece de plata, por tener blancos la garganta, el pecho el vientre y la parte interna de las patas."

Y bien sabemos que no se las debe combatir, porque son los depredadores naturales de las víboras.

 De la vida de nuestros animales debería tener tanta difusión como los famosos Cuentos de la Selva, más ahora, que  por fin, parece que estamos tomando conciencia de que debemos defender nuestro hábitat, que las deforestaciones indiscriminadas deben cesar, que muchos ejemplares de la fauna típica del nordeste se están extinguiendo - y de hecho varias especies ya no existen más -. Y que, fundamentalmente, no se puede proteger lo que no se conoce.

 A través de la pluma - o de la máquina de escribir- de este Escritor con mayúscula, cuyos relatos no pierden vigencia con el paso de los años, podemos instruir, deleitar y concientizar a los niños, que son los que, algún no lejano día, tendrán en sus manos y sus mentes la posibilidad de hacer algo por el medio ambiente.
Si es que entonces quede algo por hacer.



También en Cartas desde la Selva (Editorial Gente Nueva, Cuba) reencontramos otros textos de Don Horacio, considerados literatura para niños.
Son cartas poco conocidas, publicadas en “una revista infantil argentina y en un libro uruguayo para adultos”, según Anisia Miranda, que lo prologa.
Son siete cartas. Y comienzan con  la frase: “Chiquitos míos” ; se refieren a animales salvajes cazados por el mismo Quiroga: un tigre cebado, un tatú carreta, un yacaré, una víbora de cascabel; tres cachorros de aguará guazú que Don Horacio intentó criar, desconociendo sus hábitos alimentarios, y un pobre zorrino, víctima de los perros.

Estos relatos no son muy aleccionadores; el tigre americano es una especie en extinción y está protegido. Sin embargo, hay que leerlos teniendo en cuenta la época en que sucedieron. Los tigres cebados con carne humana eran el terror de estos montes. Lo del tatú carreta –también protegido hoy en día– se justifica porque era un alimento muy apreciado, especialmente entre los indios. Y el yacaré cazado por pura venganza pues había devorado a su perro, es en verdad, un relato cruel. Y perdonemos a Don Quiroga cuando afirma que “las víboras todas causan daño”, ya que generalmente no atacan, más bien huyen. Pero en particular esta carta contiene mucha información sobre los ofidios.

Un texto muy interesante es La cacería del hombre por las hormigas; se trata de las que invaden una casa en el monte o en zonas rurales y devoran todo lo que está en su camino, inclusive animales y hasta una persona si la encuentran dormida. Ya Juan Bautista Ambrosetti lo había advertido en uno de sus libros.

Pero, sin lugar a dudas, los escritos de Quiroga a sus hijos, resultan conmovedores y son un verdadero legado para todos los niños que lo lean.

Bibliografía consultada:

Jitrik, Noé. "Horacio Quiroga Una obra de experiencia y riesgo". Arca. Montevideo 1967.

Rodríguez Monegal, Emir. "Las raíces de Horacio Quiroga". Editorial Alfa. Montevideo 1961.

Orgambide, Pedro. "Horacio Quiroga una biografía". Editorial Planeta. Bs. As. 1994.

Quiroga, Horacio. "Los Desterrados". Editorial Losada. Bs. As. 1970.

Quiroga, Horacio " A la deriva y otros cuentos" Selección, introducción, notas y propuestas de trabajo de Olga Zamboni. Ediciones Colihue. Bs. As. 1989.

Quiroga Horacio “De la vida de nuestros animales”  Arca, Montevideo, 1986

Quiroga, Horacio “Cartas desde la Selva” Editorial Gente Nueva La Habana, Cuba. Impreso en Alemania 1990

Ambrosetti, Juan “Supersticiones y Leyendas” Editorial Castellvi, Santa Fe 1967.


(*) Rosita Escalada Salvo es docente y escritora contemporánea, nacida en San Javier, Misiones. Ha publicado obras para niños, jóvenes y adultos (Plus Ultra, Aique Grupo Editor, El Quirquincho, Editorial Universitaria de Misiones y otras). Compaginó varias Antologías de uso didáctico. Traducida al inglés y al portugués.